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Yo estaba en la recepción del consultorio dental cuando la señora Lucía llegó con su nieto.

Ese domingo no encendí la estufa. Me levanté temprano, me serví un café con leche y me senté junto a

El día que conocí a Valeria Duarte, yo estaba repartiendo sándwiches por el centro de Miami.

Mi abuela Consuelo tenía un dicho que repetía cada vez que el sol se metía detrás de los eucaliptos del

Yo fui el que armó el horario de las citas médicas, el que aprendió a inyectar insulina viendo un video

En Hialeah nunca se sabe si el olor que entra por la ventana es a pastelitos de guayaba o a colonia de bebé.

Yo me llamo Eduardo. Trabajo de archivista en un despacho de abogados en Hialeah, cerca de la Calle Ocho.

Me llamo Yolanda Figueroa, tengo treinta y cuatro años, vivo en un dúplex en Whittier, California, y

Ya se lo digo de una vez: cuando conocí a Marco tenía tres hijos, una camioneta con doscientos mil millas

Miami, agosto. El aire acondicionado estaba puesto en 72 grados y aun así yo sudaba. La carpeta de documentos










