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Rodrigo miró su computadora cerrada como si yo acabara de golpearlo. No fue eso. Solo le bajé la tapa.

Marc miró el papel como si no reconociera aquellas palabras. Pero eran mías. Y también eran claras.

Álvaro guardó silencio al otro lado de la línea. No era un silencio de arrepentimiento.

El jardín parecía sacado de una postal. Las sillas blancas estaban alineadas bajo los naranjos.

El pasillo hasta el altar parecía interminable. La música sonaba suave, elegante, perfectamente

El salón parecía contener la respiración. Las lámparas de cristal brillaban sobre los manteles

El pasillo hasta el altar parecía mucho más largo que durante el ensayo. La tarde anterior había

Javier se quedó mirándome como si acabara de decir algo imposible. Laura seguía de pie junto a

Daniel llegó al hotel poco después de las nueve de la mañana. No venía solo. Patricia caminaba

Carmen se quedó de pie junto a la barra, con la mano apoyada en el borde de madera. Había visto
