Las palabras apenas salieron de sus labios.
— Me dijeron que no contara nada.
Durante un segundo, nadie respiró.
El viejo ventilador seguía girando bajo el techo. La radio sonaba a lo lejos. Afuera, la vida del pueblo continuaba como siempre.
Pero dentro del taller, algo acababa de cambiar.
Ethan sintió que se le encogía el pecho. No era solo el dolor en la pierna de la niña. No era solo el miedo escondido en sus ojos.
Era la forma en que había dicho aquellas palabras.
Como alguien que llevaba demasiado tiempo cargando un secreto.
Emma bajó la mirada y apretó entre los dedos un pequeño colgante que colgaba de su cuello.
Grace lo vio.
Y palideció.
Porque reconoció aquel colgante.
Lo había visto antes.
En otro lugar.
En otra historia que todo el pueblo había intentado olvidar.
— Dios mío… —susurró.
Ethan giró hacia ella.
— ¿Qué ocurre?
Grace levantó lentamente la vista.
Lo que estaba a punto de decir cambiaría para siempre la vida de Emma… y sacaría a la luz una verdad que Willow Creek había escondido durante años.
Pero antes de que pudiera hablar, alguien apareció en la puerta del taller.
Y cuando Emma vio quién era…
su rostro perdió todo color.
Continuará…
