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Mariana sostuvo la tarjeta de Esteban Valdés como si fuera algo frágil. No era una promesa.

Inés sostuvo la tarjeta entre los dedos durante todo el trayecto. No la guardó en el bolso.

Clara sostuvo la llave entre los dedos como si pesara más que todo el hotel. Una habitación tranquila.

— Que tu hermana se vaya a lo de tu vieja — dijo Paula, sin suavizar la frase. — Mi casa no es un hostel

— Que tu hermana se vaya con tu mamá — soltó Mariana, con la voz dura. — Esta casa no es hotel

— Que tu hermana se vaya a casa de tu madre — dijo Clara, seca. — Mi casa no es un hotel rural ni un

— Otra vez tarde, Martín — dijo Laura, sin darse vuelta. Él cerró la puerta del departamento en

— Otra vez llegas tarde, Ricardo — dijo Elena, sin levantar la voz. En la sala del departamento, en la

El asiento que dejó de esperarlo — Otra vez tarde — dijo Marta, sin apartar la vista de la ventana.

Cuando volvió, ya nadie lo estaba esperando — Otra vez tarde, Martín — dijo Laura, sin darse vuelta.
